
¿Por qué sometemos nuestros calentadores a pruebas extremas? (Y por qué debería importarle a usted)
Si va a instalar un calentador infrarrojo en el baño o en el patio, sabe perfectamente a qué se enfrenta: estará expuesto al vapor, a la lluvia y a cambios bruscos de temperatura.
Nuestros calentadores están fabricados según los estándares IP55. Pero seamos honestos: esa clasificación no indica si el aparato podrá resistir tres inviernos en condiciones reales. Por eso no nos confiamos únicamente en las especificaciones técnicas. Sometemos cada lote a pruebas de envejecimiento en condiciones de humedad y calor extremos.
El problema del vapor
En los baños, el vapor no se queda solo en la superficie del calentador; también penetra en su interior. Cuando el calentador se enciende y se apaga, su chasis metálico se expande y se contrae. Eso permite que el aire húmedo pase por entre los sellos y llegue hasta los componentes eléctricos. Si el agua llega a esos terminales, podrían producirse chispas o incluso que el aparato dejar de funcionar.
Nuestros carcaces con certificación IP55 sí evitan que entre polvo y agua. Pero el verdadero enemigo es la corrosión lenta que, con el tiempo, daña los cables.
Simular años de uso en pocos días
No nos limitamos a rociar los aparatos con agua y listo. En lugar de eso, los colocamos en una cámara similar a una sauna: alta temperatura, humedad extrema y ciclos constantes de calentamiento y enfriamiento. De esta manera, podemos simular años de uso en tan solo unos días.
Buscamos dos cosas: juntas que se contraigan y revestimientos que se pelen. Si un sello falla o un cable se oxida, el aparato ya no sirve para nada. Preferimos que una lámpara se queme en nuestro propio laboratorio antes que que falle mientras está instalada en el techo del cliente.
El equilibrio difícil
Existe un delicado equilibrio que hay que lograr. Las lámparas de alta potencia generan mucho calor. Al envolver ese calor en un carcasa impermeable y hermética para evitar que entre la humedad, también se atrapa el calor dentro del aparato. Esto significa que los componentes internos funcionan a temperaturas mucho más altas que en un calentador convencional.
Es como caminar sobre un cable tenso: hay que mantener los sellos herméticos, pero al mismo tiempo permitir que el aparato “respire”. Para lograrlo, utilizamos cables resistentes que puedan soportar el calor sin romperse.
Es un trabajo duro, pero es la única forma de asegurarse de que el calentador funcione cuando realmente lo necesite.